LAS 36 CÁMARAS DE SHAOLIN | 1978 ‧ Acción/Cine de artes marciales ‧ 1h 59m


Los patriotas anti-Ching, bajo las órdenes de Ho Kuang-han, se refugian en Cantón haciéndose pasar por maestros de escuela. Liu Yu-te, uno de los pupilos de Ho trabaja como mensajero y espía para los anti-Ching. Pero el general Manchurio Tien Ta descubre a los anti-Ching y ordena matar a Ho y al padre de Liu. Liu escapa al templo de Shaolin con la esperanza de aprender artes marciales y vengar la muerte de su padre. Liu es aceptado como alumno y es llamado San Te. Su progreso en las artes marciales es espectacular y por fin, con el consentimiento de los monjes, deja el templo para vengar a su padre y reclutar nuevos alumnos para Shaolin.




Es habitual encontrarse con la extendida creencia de que la industria cinematográfica norteamericana ha sido, y siempre será, puntera en la exploración de nuevos aspectos técnicos y narrativos que después exportan a otras industrias periféricas, de menos potencia y calado internacional. Si bien las industrias locales de casi cualquier país del mundo lo han tenido tradicionalmente difícil a lo hora de competir con el gigante de Hollywood, es importante reseñar que muchos de estos cineastas internacionales fueron pioneros en nuevos lenguajes cinematográficos que hoy en día son motivos comunes del cine norteamericano. Algo así ocurrió en la década de los años 70 en Hong Kong, donde se produjo un gran empuje en el cine de acción y de artes marciales que determinaron para siempre el destino del género. Mientras que la industria estadounidense se encontraba inmersa en un cine sesudo e intelectual de mano de Roman Polanski, Sidney Lumet o Francis Ford Coppola, donde se primaba el diálogo espeso y las ambientaciones sombrías, el cine hongkonés vivía un resurgimiento espectacular de la calidad técnica e impacto internacional de su cine de acción y de artes marciales. Bruce Lee es hoy en día considerado como la razón fundamental de este auge de popularidad, pero Lee no deja de ser la punta de un iceberg de grandes producciones, como es el caso de Las 36 cámaras de Shaolin (Liu Chia-Liang, 1978), considerada ampliamente como una de las obras más influyentes del cine de acción hongkonés.

Las 36 cámaras de Shaolin fue además la producción que catapultó a la fama a Gordon Liu, actor y coreógrafo legendario del cine de artes marciales al cuál Quentin Tarantino homenajearía no con uno, sino con dos papeles: Jonnhy Mo, líder de los 88 maníacos en Kill Bill. Volumen 1 (2003) y el maestro Pai Mei en Kill Bill. Volumen 2 (2004). En Las 36 cámaras de Shaolin, Gordon Liu encarna al joven Liu Yude, quien ve cómo su ciudad natal de Cantón es aplastada por la opresión de la Dinastía Qing, de origen manchú, y su débil resistencia es neutralizada sin piedad. Como es común en el cine de artes marciales chino, la historia de la superación personal y muestra de valor por medio del combate de un individuo sirve como paralelo a un relato de recuperación del orgullo nacional frente a los opresores extranjeros que, como bien es sabido, tradicionalmente han gobernado China. Liu Yude no duda en cuál es su propósito y, tras ser perseguido y herido por los manchúes de Qing, huye hacia el famoso monasterio Shaolin, convencido de que, de haber conocido el pueblo de Cantón el secreto del kung-fu, su destino habría sido muy diferente.

El cine de artes marciales actual, ya sea oriental u occidental, bebe a grandes tragos de producciones relativamente antiguas como la que nos ocupa. Ha desaparecido toda aquella teatralidad, pero aún se conserva el espíritu coreográfico que hacían de esas películas un entretenido espectáculo visual aunque estuvieran totalmente carentes de guión.

El filme de Chia-Liang Liu se basa en un hecho real que supuso el acceso al kung-fu del pueblo llano, ya que aquella disciplina estaba reservada a los monjes Shaolin. La cinta narra la historia de un joven estudiante cantonés interpretado por Chia Hui Liu (o Gordon Liu) cuya vida cambiará al conocer a los monjes del templo Shaolin. Se interesa en las artes del kung-fu, pretendiendo aprenderlas para vengar la muerte de su familia e intentando convencer a los testarudos monjes de lo necesario de su enseñanza al pueblo, para que pudieran defenderse de los invasores tártaros.
Las secuencias en las que San Te va pasando por todas las cámaras del templo son lo mejor de la película. Unas duras pruebas que va salvando con arte y habilidad, desde las pruebas iniciales de fuerza y reflejos, hasta las de lucha con manos desnudas y diversas armas, donde Gordon Liu demuestra sus avanzados conocimientos en artes marciales. Las coreografías son vistosas y muy bien ejecutadas, como es habitual en este tipo de cine.

El guión es simple pero adecuado para las pretensiones de la cinta. Como si de un western se tratase, la venganza es la excusa perfecta para justificar todo el desarrollo del filme.
Como nota curiosa, Tarantino homenajeó el cine de artes marciales en su "Kill Bill", con detalles como el logo inicial de los Shaw Brothers y la actuación del propio Gordon Liu como Pai Mei. En esas escenas concretas utilizó el "zoom" exagerado como homenaje de aquellas producciones (en "Las 36 cámaras..." se ve muy claramente) que lo empleaban abusivamente para enfatizar una imagen o un personaje concreto.


Título original
Shao Lin san shi liu fang (The 36th Chamber of Shaolin)
Año
1978
Duración
115 min.
País
Hong Kong Hong Kong
Dirección
Liu Chia-Liang
Guion
Ni Kuang
Música
Yung-Yu Chen, Stephen Shing, Su Chen-Hou
Fotografía
Arthur Wong
Reparto
Gordon Liu, Lo Lieh, Norman Chu, Henry Yu, John Cheung, Wilson Tong, Ng Hong-Sang, Billy Chan, Hsiao Ho, Chin Siu-Ho, Lo Meng, Wong Yu
Productora
Shaw Brothers
Género
Acción | Artes marciales

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