VAMPIROS DE JOHN CARPENTER | 1998 ‧ Terror/Acción ‧ 1h 48m



Vampiros románticos, góticos, modernos, o bestiales, qué más da como sean, si al final a todos les van a dar caza para clavarles una estaca en el corazón, decapitarles y convertirles en ceniza. Eso sí, no cualquiera vale para ello. Si quieres acabar con un vampiro, busca a los mejores. A los grandes cazadores como Van Helsing, Buffy, Blade, o los hermanos Winchester, yo siempre añado al equipo comandado por Jack Crow, que quizá no son los más delicados, pero desde luego son unos profesionales, y unos chulos.







El guión está basado en la novela homónima de John Steakley, y hasta que llegó a la pantalla, hubo diferentes borradores. Uno de los primeros era algo más futurista, y con una especie de policía que cazaba vampiros. Este primer borrador estuvo a punto de dirigirlo Russel Mulcahy (‘Los inmortales’, ‘Ricochet’, ‘The Shadow’), hubiera sido curioso como poco.

A Carpenter le llegaron dos guiones de dos guionistas diferentes que adaptaban la novela. El director leyó ambos, y también la novela, y junto al guionista Larry Surkis (‘Están vivos’, ‘Fantasmas de Marte’), hizo una fusión de todas las ideas, y añadiendo otras tantas de su propia cosecha. Surkis no aparece en los créditos, pero sí el nombre de uno de los guionistas, Don Jakoby (‘Lifeforce’, ‘Aracnofobia’). La razón, un misterio.

El inicio de la película es un más que claro homenaje a ‘¡Hatari!’ (‘Hatari!’, Howard Hawks, 1962) en la que John Wayne encabezaba una cacería en África, una de las aventuras más recordables de Hawks, probablemente el director clásico más admirado por Carpenter. Su sentido de la narración, el carácter grupal de sus protagonistas, el sentido de la amistad que vestían sus films protagonizados por hombres, es algo que podemos encontrar en buena parte de la filmografía de John Carpenter. Jack Crow comanda un grupo de cazavampiros que se adentran en una solitaria casa del sur de los Estados Unidos. Allí se encuentra lo que denominan un nido, esto es, el lugar de descanso diurno de un grupo de vampiros, generalmente liderados por un cabecilla bautizado como Maestro. En esa concisa secuencia, llena de violencia sin parangón, queda perfectamente trazado el modus operandi del grupo de humanos, un safari moderno que caza no-muertos en lugar de rinocerontes.

Vapuleada (injustamente) por la crítica en su día, John Carpenter revisiona el subgénero vampiro adaptándolo magistralmente a su campo, y a su mundo de atmósferas, de anti héroes, gamberro y sobretodo muy personal. Porque si hay algo de lo que puede presumir el maestro entre maestros Carpenter (probablemente uno de los últimos grandes directores clásicos vivos junto a Clint Eastwood) es de ser fiel así mismo en cada uno sus películas, incluídos los encargos de grandes productoras.
La puesta en escena es muy clásica, sin efectismos, con gore barato pero admirable. Como las grandes joyas de la serie b.

La película comienza con unos planos hipnóticos de un desierto texano mexicano, donde ya empieza a atronar la fantástica banda sonora guitarrera del maestro. Luego, comienza el prólogo, una auténtica joya de la realización, que es toda una declaración de intenciones: Carpenter le dice al espectador lo que verá a continuación, una invitación a agarrarse los machos: porque lo que seguirá a continuación es un Western con vampiros, con continuos guiños al género con los jugosos planos, las frases lapidarias... todo ello envuelto con el clima de serie b grandiosa como sólo Carpenter sabe hacer. Esta introducción, con una pandilla de caza vampiros que luego correrá peor suerte, también sirve de presentación del protagonista, el anti héroe carpenteriano que no podía faltar: Jack Crow, con un James Woods que nunca ha estado mejor, aguantando perfectamente bien el peso de la película. Jack Crow es un cazador de vampiros socarrón, faltón, macarra, pasota, un auténtico crack. Él es la película.

"John Carpenter`s Vampires" no es un plato para todos los gustos: la crítica, envuelta en un envoltorio de muy mala baba pero a la par elegante, no es sólo hacia la Iglesia: también va destinada al ser humano y los límites a los que puede llegar la maldad y egoísmo del ser. Todo ello en un mundo de vampiros. Todo ello muy Carpenter, todo ello muy MAGISTRAL.

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