ESCRITO SOBRE EL VIENTO | 1956 ‧ Drama/Romance ‧ 1h 40m

ESCRITO SOBRE EL VIENTO | 1956 ‧ Drama/Romance ‧ 1h 40m

Una nueva obra maestra llega a Cinematte Flix y como siempre gratis. Uno de los films más exuberantes de su director, en el que los elementos formales, y muy especialmente el color, sirven como fascinante contrapunto visual de la más o menos tremebunda trama. Al margen de toda otra consideración, es un film con una estructura narrativa articulada en círculos concéntricos, cuya precisión y rigor están lejos de toda duda y siguen manteniendo su vigencia.








Los exegetas de Douglas Sirk consideran que Escrito sobre el viento (1956) es uno de sus mejores melodramas, si no el mejor. El propio autor está prácticamente dispuesto a considerarlo así cuando habla con entusiasmo de su trabajo: "Es una crítica social, de los ricos y los comprometidos y de la familia americana, en general. La interpretación (Rock Hudson, Lauren Bacall Robert Stack, Dorothy Malone) era realmente excelente, lo que explica el enorme éxito de esta película en todo el mundo. Trabajé el color con mucha atención, e incluso organicé escenas solamente en función del color dibujando yo mismo cuadros para cada escena. Quise hacer una película barroca y creo que en lo referente al color, estaba bastante conseguida".La anécdota de -Escrito sobre el viento gira en torno al poder. Un magnate del petróleo ve cómo su alcoholizado hijo se casa con una chica sin interés, lo que decepciona profundamente al amigo de la familia que les presentó, pero no al magnate, que aprovecha la ocasión para ofrecer a su hijo un cargo de mayor responsabilidad en la empresa. La impotencía sexual del protagonista origina un cúmulo de conflictos, de entre los que destaca su sospecha de que el embarazo de su mujer se debe a la intervención del amigo íntimo, circunstancia que coincide con la muerte accidental de éste y el juicio que protagonizan todos los personajes.


Una reflexión sobre el fracaso parece ser la meta de Sirk: "El éxito no me interesa", dice el director, refiriéndose al problema general de sus películas y no a su resultado comercial, que tan evidentemente le ha preocupado a lo largo de su trabajo: "Respecto al fracaso, es muy significativo el final de Escrito sobre el viento. No hablo del fracaso en el sentido de los autores decadentes, los neorománticos que predican la belleza del fracaso, sino del fracaso que nos invade sin razón. El fracaso es uno de los pocos temas dramáticos realmente apasionantes".

Asegura Jon Halliday, estudioso de Sirk, cuyo libro, publi cado en España por Editorial Fundamentos, ilustra su portada precisamente con un fotograma de Escrito sobre el viento, desta cando así la importancia de la película, que "la obra de Sirk tiene muchos niveles y, por consiguiente, debe leerse por debajo de su superficie inmediata. Ello no se debe solamente al carácter de las productoras, tan obligadas a sus compromisos coyunturales, sino también a la condición glo bal de la sociedad, que, en aque lla época, bajo el mandato de Eisenhower, tomaba el sol compla cientemente mientras se desinte g . raba ya por dentro".


Un fuerte crescendo dramático va marcando el film en el que los hallazgos visuales de Sirk no tienen parangón. Por citar dos ejemplos, la visita de Hudson y Bacall buscando a Stack en un bar, la planificación y uso del color van mostrando lo inestable del momento en cuando a dramatismo. El rojo que va combinándose en el encuadre muestra la tormenta psicológica que está a punto de estallar. O ese montaje paralelo entre el enfrentamiento entre Mitch y Kyle, mientras Marylee (Malone) baila desenfrenadamente en su habitación. No hay diálogos alargados ni discursos que subrayen innecesariamente, sólo imagen y sonido mezclados con inteligencia, el motor narrativo por excelencia de los dramas de Sirk.

Lauren Bacall desprende una vez más su atípica belleza, haciendo un muy buen uso de la elegancia que le caracterizó; Rock Hudson se entiende a la perfección con Sirk que aprovecha su homosexualidad para hacer más sombría su extraña relación con Kyle. Para un servidor los reyes de la función son Robert Stack, que expresa a la perfección los traumas del pasado, el no afecto de su padre, y el demonio de unos celos infernales atacados además por un dictamen médico que pone en duda su hombría; y cómo no Dorothy Malone, sensual y perversa como pocas en un personaje difícil, una ninfómana que echa de menos más que nadie la época de la infancia, cuando Mitch era una posibilidad latente.

Aquel río de la niñez tantas veces nombrado entre los hermanos y Mitch dota al relato de una nostalgia abrumadora, la que hace presa a los dos hermanos, no capaces de dejar el pasado atrás, mientras Mitch ha madurado y sólo piensa en el presente mirando hacia delante. Pocas veces han quedado los detalles más pequeños en un drama de estas características, ahorrando además un tiempo valioso con un ritmo que a día de hoy sería algo completamente diferente. A modo de curiosidad señalar que a Humphrey Bogart no le gustó absolutamente nada la película, y recomendó a su esposa no hacer más; quizá por ello no apareció en ‘Ángeles sin brillo’ (‘The Tarnished Angels’, 1957) con el mismo reparto.

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