EL HOMBRE DE LAS PISTOLAS DE ORO | 1959 ‧ Wéstern/Romance ‧ 2h 2m


El hombre de las pistolas de oro (Warlock) es una película western estadounidense, producida y dirigida por Edward Dmytryk en 1959. Basada en una novela de Oakley Hall, la película está protagonizada por Richard Widmark, Henry Fonda y Anthony Quinn. Quizás no llega a obra maestra pero se le acerca mucho.








Interesantísimo western de Edward Dmytryk que consigue reunir en su reparto a tres de las mayores figuras del género. Con enormes duelos interpretativos como principal atracción y basándose en el relato de Oakley Hall la cinta es una historia de venganzas y antiguos rencores en una ciudad sin ley del viejo oeste americano, Warlock.

Magníficamente rodada, con unos primeros planos y fotografía excelentes, la historia se convierte en una sucesión de acontecimientos que no sirven sino para demostrar como las diferentes miserias humanas tales como la traición, envidia y la hipocresía invaden a los personajes y habitantes que desfilan por Warlock. Solo el personaje interpretado por un inspirado Richard Widmark (Johnny Gannon) consigue aislarse de ese ambiente corrupto y lleno de ira y se erige como héroe, dejando para Henry Fonda y un excepcional Anthony Quinn el peso de una amistad-enemistad que termina siendo el centro de atención del espectador. Completando el reparto por el lado femenino Dorothy Malone y Dolores Michaels también terminan siendo parte importante en esta encrucijada de egos e intereses.

Con numerosas escenas de gran tensión psicológica y unos cuantos duelos memorables se completa este inolvidable western con un gran trasfonfo político y un poso de crítica a la sociedad y situación de la época.
Alguien dijo que todo esta escrito y en esta película tenemos la suerte de poder comprobarlo, los desencadenantes ocurren solos y quizás con la intervención de unos podría haber cambiado sustancialmente la historia, pero estamos hablando de Warlock y allí las cosas suceden solas.
Me ha sorprendido ver una critica mala de este peliculón diciendo que la película se podría haber desenvuelto en una simple hora pues bien... no veo el por qué, este film esta sumamente tratado y viendo su fecha de realización creo que debemos sacarnos el sombrero ante el hombre de las pistolas de oro y más aun ante el joven sheriff Johnny Gannon.
Película que carece de desperdicio, llena de dilemas morales y como aquí bien se dice.. western psicológico, quizás el padre de ese estilo que tan poco se ha usado.. y es una pena. Esta película me recuerda si cabe a tombstone o a la legenda de Wyatt Earp en donde sabes lo que va a pasar pero te intriga hasta el mismo momento en que pasa, es el instinto de superación.. el momento de la muerte en el que uno se juega la vida a cara o cruz por sus ideales.

Turbador western en el que hay un más que explicito romance homosexual entre los dos protagonistas, Clay Blaisedell (Henry Fonda) y Tom Morgan (Anthony Quinn), que es el motor de la historia, dos tipos duros del oeste, uno de ellos, Morgan, cojo que se siente muy unido a Clay, pues el único que no le trata como a un tullido y siente celos de todos los que se le acercan, recuerda bastante a la historia de Wyatt Earp, “Pasión de los fuerte”, “Duelo de titanes”, “Duelo en O.K. Corral” y demás versiones, como a “Solo ante el peligro” , mezcla ideas de unas y otras en un coctel original, un resultado con múltiples lecturas, todas ellas empezando por que el director Edward Dmytryk fue perseguido por “La caza de brujas” del pérfido senador McCarthy, y es que en la cinta se nos habla de temas universales, la hipocresía de la sociedad que utiliza a personas válidas para después pasarlas por la trituradora cuando estorban, esto queda patente en la mejor escena (spoiler), cuando Blaisedell (Henry Fonda) da un desgarrador discurso en un funeral. La historia es una reflexión sobre el destino de las personas, sobre si pueden cambiar sus vidas, sobre la fina línea que separa al héroe del villano, sobre el nacimiento de una nación a través de estas ciudades pioneras talladas a fuerza bruta. La historia es como las muñecas rusas contienen un final dentro de otro y en todos ellos te sorprende. Fonda y Quinn están bestiales, dos colosos de la interpretación de los que traspasan la pantalla y hacen el cine entras dimensiones sin necesidad de artificios, descomunales. Como hándicap reseñar que el resto del reparto resulta algo desdibujado, empezando por Richard Widmark (Johnny Gannon) que su papel me resulta forzado, poca claras sus motivaciones para saltar de un lado a otro de la ley, como de las dos mujeres, les falta fuerza de carisma. Por cierto vaya titulo bochornoso que le pusieron en España, se cubrieron de gloria, lo de costumbre. Recomendable a los que gusten de un muy buen western. Fuerza y honor!!!

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