EL CABALLERO DEL DRAGÓN | 1985 ‧ Aventura/Ciencia ficción ‧ 1h 30m


La llegada de un enigmáatico platillo volante durante el medievo a los territorios del Conde Ruk, un viejo achacoso cuya mayor preocupación es la de casar a su hija, es interpretada por las gentes de la época como un hecho mágico. El alquimista Boecius cree acercarse a la verdad en su búsqueda de la Piedra Filosofal; Fray Lupo, celoso de cuanto signifique ciencia, se alía con Clever, el jefe de la guardia, para destruir a este extraño ser al que identifica como un dragón. Por su parte, la hija del conde cree haber encontrado en el solitario morador de la nave, al hombre de sus sueños.









De entre todos los países que se subieron con no demasiada fortuna al carro de la moda de La Guerra de las Galaxias, tenía el vago recuerdo de una extraña producción española de enigmático título: El Caballero del Dragón. Cuán grande ha sido mi sorpresa al encontrar esta rareza ibérica en formato DVD de la que no guardaba muy buenas sensaciones…

Fernando Colomo, hoy conocido y reconocido director y productor, debió de estar muy borracho o muy colocado cuando, al mando de un reparto internacional nada desdeñable –encabezado por Klaus Kinski, un actor por entonces muy en boga; Harvey Keitel, todo un habitual de Scorsese; y Fernando Rey, sólido intérprete de reputada carrera tanto en Europa como en Hollywood- y con el incomparable marco del gerundense Castillo de Requesens como telón de fondo, filmó este extraño, torpe, aburrido, infantil e incomprensible crossover entre la Serie B de marcianitos y la leyenda de San Jorge, nada menos. Claro que ahora le podríamos aplaudir como visionario: ahí está el reciente experimento americano de Cowboys & Aliens (Jon Favreau, 2011).

No, en serio. ¿De quién fue la idea de que un alien llegara a La Tierra en plena Edad Media? ¿Y de que éste tuviera los rasgos de Miguel Bosé –con un look pretendidamente andrógino a lo David Bowie- y se comunicara a través de pitiditos, cual R2-D2? Para que luego digan que a Schwarzenegger le daban pocos diálogos… ¿Y a qué viene toda esa introducción alrededor de la alquimia y los alquimistas, si luego es un tema que no se trata durante toda la película? ¿Por qué la dama –una sosísima María Lamor– se enamora perdidamente de tan extraño personaje si no hay contacto físico –ni de ningún tipo- entre ellos durante el primer rapto? ¿O sí lo hubo y los mojigatos productores nos impidieron verlo? ¿Qué pinta Klaus Kinski en toda la película si no es para hacer de rabiar al eclesiástico Fernando Rey y dedicarle misteriosas sonrisillas inquietantes/seductoras al visitante?

Pues todas estas preguntas solo tienen una respuesta: Eran los mágicos 80s donde todo podía ocurrir y al final da igual si la calidad general como obra cinematográfica es mejor o peor, lo importante es que esta obra fue posible, llegó a cine y hoy podemos disfrutar de ella guste más o guste o menos. Para mi, en tiempos de Netlix, poder disfrutar de una película como esta, solo me dice que hubo un tiempo mejor... 


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