RECUERDA | 1945 ‧ Misterio/Noir ‧ 1h 58m



Octava película de la etapa americana de Hitchcock. Escrita por Ben Hecht, se basa en la novela "The House Of Dr. Edwardes" (1927), de John Palmer y Hilary St. George Sanders. Se rueda, en B/N, en exteriores de Alta Lodge (Utah) y Cooper Ranch (LA) y en el plató de los Selznick Studios. Nomianda a 6 Oscar, gana uno (música, M. Rózsa). Producida por David O. Selznick, se estrena en "première" el 31-X-1945 (NYC).












La película Recuerda (Spellbound, 1945), de Alfred Hitchcock, contiene algunas frases memorables sobre las mujeres según el psicoanálisis, Nueva York, los malos tratos y la vejez. Basada en la novela de Francis Beeding, se llevó un Oscar por su música. Ingrid Bergman es la psicoanalista Constance Petersen y Gregory Peck su nuevo jefe, John Ballantyne, del que se enamora y que sufre amnesia. Esta entrada no contiene spoilers sobre la trama.

Recuerda no oculta su condición, y ya en los títulos de créditos se encarga de incluir un rótulo explicativo acerca de la magia terapéutica del psicoanálisis, que convierte al analista en el gran detective de la mente, capaz de bucear en sus viscosas profundidades hasta sacar a la luz el trauma oportuno cuyo desvelamiento, se supone, acabará con la tortura del paciente. La trama nos sitúa en un sanatorio mental situado en el campo, Green Manors, donde se espera a Jonathan Edwardes, el brillante doctor que ha de sustituir al anterior director. El hombre que llega tiene menos edad de lo que se esperaba y enseguida, en vez de atender a sus obligaciones, galantea a la doctora Constance Petersen, la más joven y prometedora psicoanalista de la institución. El amor surge entre ellos al tiempo que él comienza a dar signos de estar bajo una extraña presión mental, hasta que se descubre que no es Edwardes, sino un paciente amnésico que lo acompañaba en sus vacaciones y que lo ha suplantado después de su desaparición, tras la cual, como es natural, se sospecha que se esconde un crimen. La doctora Petersen es la única que cree en la inocencia del sospechoso —su razonamiento es de libro: ella no podría enamorarse de un hombre malo—, y lo ayuda a escapar, emprendiendo una carrera contra el reloj para intentar recordar quién es y qué complejo de culpa se oculta en su mente torturada, la clave, sin duda, de haber borrado su identidad para asumir la del médico, a quien debió ver morir, asumiendo falsamente la responsabilidad). Y claro, serán los sueños del joven de identidad olvidada los que darán la clave de lo que pasó.

En cuanto a su estructura, Spellbound recupera en mucho el espíritu de Thirty – nine steps (Treinta y nueve escalones), en el sentido en que nunca descansa pero logra, a mi criterio una mayor fluidez entre los distintos segmentos. No percibo aquí la existencia de “episodios” como los que componen aquélla y es posible que esta cohesión haya sido lograda por la unión de los personajes principales durante los dos primeros actos mientras que Treinta y nueve escalones cuenta, básicamente, las aventuras de un único protagonista en diferentes contextos. Constance y J. B. sólo serán separados al finalizar el segundo acto cuando la policía dé con ellos y detenga al protagonista. En un nuevo ejemplo de economía en el cine, Mr. Hitchcock evita demorarse en filmar el juicio y condena a J. B. y se limita a una sucesión de planos de Constance sobre fondos indefinidos (un recurso muy similar a este será utilizado nueve años después para resumir el juicio de Margo en Dial M for murder – La llamada fatal, Con M de muerte).-


LA ESCENA

Hitchcock comenta: "Yo tenía la impresión de que si tenían que presentarse secuencias oníricas, éstas debían ser vívidas… utilicé a Dalí por su gran ejecución gráfica. Deseaba presentar los sueños con una gran nitidez y claridad visuales, más precisos que el propio film: las largas sombras, la infinitud de la distancia y las líneas convergentes de la perspectiva” . 
"Parecía como una casa de juegos, pero no tenía paredes... sólo muchas cortinas con ojos pintados. Un hombre se paseaba con unas enormes tijeras y cortaba las cortinas por la mitad". 
"Había alguien sobre el tejado inclinado de un edificio, era el hombre de la barba, le grité que tuviera cuidado... entonces empezó a caerse muy despacio con los pies en el aire. Luego volví a ver al propietario, estaba escondido detrás de una chimenea y tenía una rueda en la mano. Le vi arrojar la rueda al tejado".
"No se porque yo corría, algo daba golpes sobre mi cabeza, un gran par de alas que me persiguieron hasta que llegué a la falda de la montaña".


Con todo, dicha secuencia, ejecutada por William Cameron Menzies, y filmada en estudio a pesar de que don Alfredo quería filmarla en exteriores, mantiene toda la personalidad de un pintor en la que es su aportación más famosa al mundo del cine. Un sueño que sirve como solución al rompecabezas que existe en la cabeza del protagonista y de descifrarlo depende su libertad e incluso su vida. A pesar de que la película parece distinta dentro de la filmografía del director, esta contiene algunos de los elementos característicos de su cine, por ejemplo, el consabido falso culpable que debe huir de la justicia para intentar demostrar su inocencia, la cual no quedará clara hasta el tramo final. Mientras tanto Hitchcock juega con el espectador al despiste sin dar a entender si estamos ante un asesino o ante un hombre enfermo totalmente inocente.
Varis son las secuencias que juegan con esa posibilidad. Por supuesto la visita al amigo de Constance y en la que una navaja de afeitar supone un latente peligro. Ballantine (Peck) baja las escaleras de noche al encuentro de su anfitrión, el Dr. Burlov —entrañable personaje interpretado por Alexander Chekhov—, Hitchcock mantiene la cámara a ras de suelo mientras Burlov conversa con Ballantine y vemos el filo de la navaja en la mano de éste, con un brillo amenazador. Un conocido y hitchcockiano vaso de leche arregla el problema. La otra es sin duda, un catártico paseo a esquí, en el que las transparencias evidencian el juego, pero Hitchcock lo soluciona con el empleo de la música, que se llevó el Oscar, y el montaje de miradas de Ballantine a Constante mientras esquían.

CONCLUSIÓN

Recuerda sin duda alguna no entra dentro de las grandes obras maestras de autor inglés, pero, eso no quiere decir que no sea una película sobresaliente de obligado visionado. Además para España el tiene una esencia especial gracias a la participación de Salvador Dalí y por tanto es una de esas películas no españolas que tienen apellido patrio. Por tanto Recuerda entra en catálogo de Cinematte Flix como una de sus películas más importantes no solo a nivel didáctico sino también a nivel de entretenimiento.

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