REBECA | 1940 ‧ Misterio/Romance ‧ 2h 10m ‧ V.O. subtitulada en castellano


Una mujer se ve forzada a competir con la memoria de la primera esposa de su marido en esta historia ganadora del Oscar. Esta es la obra maestra de Hitchcock que hoy Cinematte ofrece gratis para ti.












Como siete maravillas hay de todo, las hay del cine de Hitchcock, 3 en blanco y negro y 4 en color. De las tres en blanco y negro, Rebeca es la primera a las que le seguirían Encadenados y Psicosis. Las 4 en color son Vertigo, La Ventana Indiscreta, Con la muerte en los los talones y Los Pajaros. Ahora pasa a leer este análisis de la primera obra redonda del maestro londinense.


Texto de La Vanguardia

“Anoche soñé que volvía a Manderley...” con esta frase tan evocadora arrancaba la cinta que supuso el debut triunfal de Alfred Hitchcock en Estados Unidos. Rebeca (1940) era un cuento de terror gótico armado de perturbadoras presencias fantasmales y turbios secretos tejidos en el interior de una mansión filmada en un frío blanco y negro.
La cinta, de la que se cumplen ochenta años de su estreno, ganó los premios Oscar a la mejor película y fotografía para George Barnes de las once nominaciones a las que partía y lanzó al estrellato a una joven de 22 primaveras apenas conocida, Joan Fontaine, que las pasó canutas en un rodaje marcado por el estallido de la Segunda Guerra Mundial y las continuas rencillas entre el director británico y el poderoso productor David O. Selznick.
‘Rebeca’ logró dos de los once Oscar a los que estaba nominada: película y fotografía
Con un presupuesto de poco más de un millón de dólares, recaudó un total de seis. En España no se estrenó hasta diciembre de 1942 y debido a su éxito las chaquetas de punto que Joan Fontaine (de nombre desconocido en el filme) usaba durante la película se pusieron de moda y comenzaron a ser conocidas como rebecas. Incluso la RAE adoptó el nombre y le otorgó su propio significado: “Chaqueta femenina de punto, sin cuello, abrochada por delante, y cuyo primer botón está, por lo general, a la altura de la garganta”.
Clásico del cine, invencible al paso del tiempo, Hitchcock supo dotar a esta adaptación de la novela homónima de la escritora británica Daphne du Maurier, publicada en 1938, de un aura de misterio desde los primeros compases, con esa verja que se abre silenciosa y nos guía por un jardín frondoso dominado por una luna a la que sigue la silueta imponente del caserón, una imagen tan evocadora de nostalgia y ensoñación como tremendamente terrorífica. Du Maurier se había inspirado en Jane Eyre y Cumbres borrascosas, de las hermanas Brontë, para dibujar un escenario siniestro de celos y mentiras que se convirtió en todo un best seller.
La trama iba sobre un acaudalado aristócrata inglés recién enviudado de nombre Maxim De Winter que conoce en Montecarlo a una joven humilde, dama de compañía de una señora americana. En pocos días la pareja se enamora y pasa por el altar para luego irse a vivir a Inglaterra, a la mansión de Manderley, donde la nueva esposa percibe que el que será su hogar está impregnado de la presencia imborrable y enigmática de la difunta mujer de su marido, Rebeca, fallecida en extrañas circunstancias.
De hecho, la película incide en la influencia casi sobrenatural que la mujer fallecida tiene sobre las personas que habitan la mansión; es decir de los muertos sobre los vivos. Un personaje que se convierte en protagonista prácticamente absoluto de la historia pese a no aparecer nunca de forma física si no es a través de su retrato inmortal, siempre dispuesto a observar vigilante lo que ocurre entre esas paredes.
La producción de Rebeca, disponible a través de la plataforma Filmin , fue complicada debido al afán de control de Selznick, que venía de ganar aplausos y premios por Lo que el viento se llevó. Su obsesión por que se siguiera a rajatabla el guion chocó con el fuerte carácter del orondo realizador, que había tenido el control absoluto de todos sus anteriores trabajos en Inglaterra y no permitía que nadie se interpusiera en sus decisiones ni coartara su libertad creativa. Si se desplazó a tierras americanas fue para beneficiarse de las ventajas técnicas y financieras de la industria de Hollywood. Gracias a sus conocimientos de la profesión y una hábil mano izquierda, logró eludir las intromisiones del productor.
Hitchcok era un apasionado de las novelas de Du Marier ya que tanto Los pájaros y Posada Jamaica también se inspiraron en relatos suyos. Pero, claro está, a todas ellas las dotó del inevitable toque del maestro del suspense, modificando el guion a su antojo, lo que no entusiasmó a la escritora.


Laurence Olivier, el gran actor inglés, se adjudicó encantado el papel de Maxim y quiso que su mujer Vivien Leigh hiciera de protagonista. Selznick, sin embargo, no quiso mezclar a su popular y recién oscarizada Scarlett O’hara en este nuevo proyecto, para mayor disgusto de Olivier. Y es que el actor no se llevó nada bien durante el rodaje con Fontaine, que fue elegida entre una veintena de candidatas, entre ellas su hermana de Olivia de Havilland (la inolvidable Melania del clásico drama sureño y de las pocas supervivientes del Hollywood de aquella época a sus 103 años). Una tensión que, a la postre, vino como anillo al dedo para escenificar una relación ficticia poco dada a exteriorizar su aparente amor.
Su vulnerabilidad y evidente nerviosismo hicieron que a Fontaine le costara adaptar el tono que requería su personaje, una mujer de gesto asustadizo y sin nombre conocido que se ve insignificante ante el recuerdo constante de su antecesora y acosada cual Cenicienta por la implacable ama de llaves, la señora Danvers (magnífica Judith Anderson), que encarnó un complejo rol en el que se apreciaba claramente un amor de tintes lésbicos hacia su primera señora. Basta decir que Hitchcock se aprovechó de la ingenuidad de Fontaine y llegó incluso a abofetearla por petición de la actriz para arrancarle una creíble escena dramática.
La supervisora de guiones Lydia Schiller describió la interpretación de la joven protagonista como “una marioneta”, pero lo cierto es que se esforzó por extraer lo mejor de un rol que le proporcionó al final una nominación al Oscar que fue más valorada en EE.UU. que en Europa. También Olivier cosecho una candidatura por su actuación del inestable Maxim, pero ambos se vieron superados por Ginger Rogers ( Espejismo de amor) y James Stewart ( Historias de Filladelfia), respectivamente. Hitchcock, que recibió la primera de sus cinco menciones a mejor director, no tuvo más remedio que ver cómo el veterano John Ford se llevaba la estatuilla dorada por Las uvas de la ira. Fontaine volvería a actuar a las órdenes de Hitchcock en Sospecha (1941), esta vez adjudicándose el galardón que concede la Academia de Hollywood.
Ochenta años después, el misterio de Rebeca sigue vigente como fuente de inspiración. Así lo recuerda la reciente publicación de Rebeca. El libro del 80 aniversario, de Notorius ediciones, o el remake que ha llevado a cabo Ben Wheatley (High Rise, Tomb Raider 2) con un elenco formado por Lily James, Armie Hammer, Kristin Scott Thomas y Keely Hawes (la ministra de la serie Bodyguard). La película está prevista que llegue a Netflix este año y nos llevará de vuelta a las entrañas de la mansión de Manderley.


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