Crítica de Lincoln | Steven Spielberg | 2012

Crítica de Lincoln

Lincoln es la gran baza de Hollywood para los Oscars 2013, quizás no ha tenido una buena acogida de premios hasta ahora, pero la industria americana del cine necesita cada x años un estreno de renombre, un film que se acerque o supere la decena de estatuillas doradas, una película que quede en el recuerdo del pueblo y si encima el recuerdo trata sobre su propio pueblo mejor.
Este año pensamos que aunque los primeros indicios digan todo lo contrario, el film que puede triunfar en la ceremonia de los Oscars es el último film de Spielberg, film al que como vamos a ver a continuación, calidad no le falta...

Ahora pasamos a presentar la crítica publicada por nuestro blog hermano Mundo Return, la cual compartimos en cada una de sus palabras...

Por Gwynplaine Thor

En 1865, mientras la Guerra Civil Americana se acerca a su fin, el presidente Abraham Lincoln propone la instauración de una enmienda que prohíba la esclavitud en los Estados Unidos. Sin embargo esto presenta un gran dilema: si la paz llega antes de que se acepte la enmienda, el Sur tendrá poder para rechazarla y mantener la esclavitud; si la paz llega después, cientos de personas seguirán muriendo en el frente. En una carrera contrarreloj para conseguir los votos necesarios, Lincoln se enfrenta a la mayor crisis de conciencia de su vida.


Una vez más, Steven Spielberg vuelve a dar una clase magistral de dirección, de cómo narrar una historia, de cómo manejar a sus actores, de cómo componer una escena, de qué estética hay que seguir, aunque quizás con este Lincoln su desgaste sea más que evidente tras el fiasco incomprendido en taquilla de War Horse (2011), y que aquí en Mundoreturn alabamos como un resumen prodigioso de la carrera del autor. Esta vez el realizador decide mirar hacia dentro, alejarse de efectismos, de mostrar guerras cruentas y se traslada los despachos, a la labor de unos hombres que intentaron cambiar las cosas (para bien) a través de las leyes, Spielberg se mete de lleno en las entrañas de su país y, en concreto, a una de las épocas más crudas y conflictivas que más ha dado que hablar para hacer películas en la interminable filmografía norteamericana, esto es, la Guerra Civil entre los estados del Norte y los del Sur, hecho acontecido en la década de los 60 del siglo XIX. Tanto películas bélicas, como políticas y cómo no, el propio western han bebido de este sin sentido moral, de ese derramamiento de sangre entre iguales, todo por una causa: abolir o defender la esclavitud. O mejor aún, defender la libertad del hombre o aplaudir la libertad para oprimir.



Spielberg, contador de historias por antonomasia, siempre intenta aportar su granito de arena al mundo, a la sociedad, sea una ética, sea una reflexión, todo con un cierto toque humanidad que caracteriza a sus películas, y en sus discursos siempre adopta un lado optimista, un mensaje universal decisivo para el futuro bienestar y, aunque parta de la guerra, el fin, su fin es un mensaje de paz. Lo hacía en Encuentros en la tercera fase (1977) , lo hacía en La lista de Schindler (1993), lo hacía en Munich (2005) y lo vuelve a repetir con Lincoln, entre muchas otras. ¿Es necesario matarnos los unos a los otros por absurdas teorías y prejuicios? ¿Son necesarias tantas fronteras y desigualdades? ¿Qué sentido tiene todo esto? El film basado en uno de los presidentes más importantes de la historia entronca directamente con otras dos que tratan la misma temática del conflicto racial, la aplaudida El color púrpura (1985) y la infravalorada Amistad (1997), aquí lo que hay es un debate moral acerca de la condición humana, no existe más fragor de la batalla que el de conseguir unos míseros votos para acabar con un mal, un defecto de la sociedad estadounidense de entonces.


El director traza con su nueva película un trabajo que se puede adjetivar como pedagógico, con el que podremos aprender no sólo por su valor histórico, sino por su vertiente moral y social, esa rama humanista que tanto le identifica. Por otro lado, a nivel técnico estamos ante una producción envidiable en todos sus apartados, es una obra analítica hasta el más milimétrico detalle, meditada, calmada, con pretensión de que el espectador saque su propia reflexión, y si a eso le añadimos una maravillosa fotografía de claros oscuros de Janusz Kaminski, el sólido montaje de Michael Kahn, y la subyacente partitura del inseparable John Williams, y le unimos un guión que no intenta abarcar la vida de un personaje sino un hecho concreto, las papeletas como biopic cambian, porque este no es un mero biopic, es un grito rabioso en tiempos donde los políticos ya no son políticos, sino banqueros y ladrones, unos tiempos donde los valores morales se están perdiendo, digan lo que digan los más gafapastas y hipster que sólo ven todo de negro y van de iconoclastas y nihilistas por la vida. Por último habría que destacar la labor del reparto al completo, desde Daniel Day-Lewis como protagonista principal, retratando un Lincoln contador de batallitas y fábulas; pasando por un calvo Tommy Lee Jones impagable y acabando por la ristra enorme de secundarios, todos ellos caras conocidas que Spielberg maneja como si estuviera en su salsa.

La única lástima, la paradoja del asunto es que, si consultamos la historia, por mucho que se aboliese la esclavitud aquel 9 de Abril de 1865, los afroamericanos seguirían siendo coartados en sus libertades y derechos hasta bien entrada la década de los 60 del siglo pasado. Lincoln lo intentó, pero la sociedad, como siempre, tiene la última palabra, y esta tardó más de lo esperado…

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