Crítica: IN TIME, de Andrew Niccol

Bonnie & Clyde robando ''tiempo''. ¿Y qué más?


A continuación, nuestra crítica.












IN TIME
La última vez que puse el despertador...

Nos hallamos en una sociedad futura. El descubrimiento de una fórmula contra el envejecimiento trae consigo no sólo superpoblación, sino también la transformación del concepto ‘’tiempo’’ en moneda de cambio que permite sufragar tanto lujos como necesidades. Los ricos pueden vivir para siempre, casi como inmortales, pero los demás tendrán que negociar cada minuto de vida. Después de conseguir, por casualidad, una inmensa cantidad de tiempo, un obrero será perseguido por unos policías corruptos conocidos como "los guardianes del tiempo".

El director y guionista Andrew Niccol no es uno de los autores más prolíficos de Hollywood, aunque si que ha dejado huella de alguna manera en la última década, sobretodo si tenemos en cuenta que su primera película, Gattaca (1997), ha ganado importancia con el paso de los años, convirtiéndose en obra de culto para la ciencia ficción, y que el resto de sus películas, a pesar de ser obras menores como Simone (2002) o El señor de la guerra (2005), siguen estando ahí como algo realmente interesante y bien dirigido, partiendo de ideas geniales desde la realidad social del momento. Por no hablar del guión de El show de Truman (1998), pero eso ya es harina de otro costal. Lo que un servidor no entiende cómo es que ha tardado casi seis años en volver hacer una película, con otra idea inigualable, pero tan retorcidamente infumable e industrial como es la película que nos ocupa aquí y ahora, In Time.

Partiendo de una premisa tan básica como ‘’el tiempo es oro’’, Andrew Niccol se ha marcado toda una fábula política, económica y social con crítica fundamentada en lo que llevamos observando de unos años hacia ahora: la crisis que vivimos, la ambición y la avaricia, el desinterés por el igual, y en definitiva, todo lo que se hace o se deja de hacer por dinero. ¿Y qué fábula explotada hasta el infinito por el colectivo imaginario podemos reconocer por el dinero? Precisamente, el mito del ladronzuelo que robaba el oro para dárselo a los más desfavorecidos, hablo de Robin Hood. De ahí parte Andrew Niccol, casi de forma explícita, casi para monos con tutú, pero esto solo es la base. Y eso es lo malo. Lo que me asusta es la estructura de guión tan básica, tan de manual, que perfectamente podríamos decir que no estamos ante una película de este cineasta si no fuera porque tiene ecos de su primera gran película en lo que se refiere al vestuario o ese rollo retro -vintage con aires de minimalismo puro y duro, que empapa los vehículos y los decorados. Asusta porque los personajes son planos, inclusive el héroe de la cinta, llevando al espectador a una serie de incongruencias narrativas en su primeros veinte minutos (bochornoso detonante, con una desaprovechadísima Olivia Wilde, por no hablar de los dos puntos de giro), con diálogos y situaciones más que predecibles, con unas actuaciones paupérrimas (Justin Timberlake venderá por el nombre, Amanda Seyfried y Cillian Murphy se mueven en este fango pantanoso en modo piloto automático) que lo que harán es provocar el bostezo durante el resto del metraje al incauto espectador que se haya metido a ver, sin informarse, este rollazo con moralina barata y tan olvidable como lo fue el 15M.

Si Niccol se ha pasado todos estos años intentando llevar a buen puerto esta película, creo que su premisa se la ha jugado, a mi me la ha jugado, y a muchos se la jugarán, y es que si el tiempo es oro, no es cuestión de compartirlo, sino de saber en qué invertirlo, y en este sentido, el director no ha sabido cómo, ni dónde. Todo un quiero y no puedo, por lo demás, efectos especiales, música y fotografía los omito porque ni son destacables, ni aportan demasiado a un producto que desde los primeros minutos deja intuir que lo único que busca es amasar dinero atrayendo a jóvenes, mediante las consabidas estrategias de marketing, con ínfulas existencialistas acerca del ser humano, tan simplistas (que no simples) como es el debate sobre las apariencias y esa búsqueda constante del ser por pervivir en el tiempo de la mejor forma posible. La ironía es que la película te cuenta todo lo contrario. Maldita ambigüedad…quiero que me devuelvan el tiempo perdido.


Análisis escrito por el cronómetro Gwynplaine Thor

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