Crítica: SOMEWHERE, de Sofia Coppola

La insoportable levedad del ser, según Sofia Coppola.

A continuación, nuestra crítica.







SOMEWHERE
Perdidos en la jungla urbana...

Sofia Coppola vuelve a marcarse una película controvertida, hipnótica, para muchos puede ser absurdamente aburrida, pero para otros, la fascinante monotonía y decadencia que desprende, se convierte en su principal aval. Para mí lo es. En el argumento de Somewhere asistimos al retrato de una estrella de Hollywood, un personaje llamado Johnny que interpreta de manera efectiva un maduro Stephen Dorff, y que vive en el famoso Hotel Chateau Marmont de Los Ángeles, lugar donde muchas celebridades han degenerado a base de fiestas, alcohol, sexo, drogas, etc. Y precisamente así transcurre la vida de Johnny, sin objetivos, incomprendido, siendo objeto de las cámaras, de entrevistas sin sentido, de sesiones fotográficas tediosas con compañeros de reparto que le odian, de fiesta en fiesta, de cama en cama y de botella en botella. Hasta que su hija, Cleo (inmensa Elle Fanning), se presenta de nuevo en su vida, y de una forma u otra, hará que vuelva a conectar con la realidad.

Directora y guionista, Sofia Coppola, la hija de uno de los grandes cineastas de la historia, probablemente esté aún buscando su lugar en este mundo contradictorio y extrañamente repulsivo, siempre con el inevitable peso de la sombra de su padre, y por esto mismo, consigue con su película representar una amalgama de sentimientos y situaciones que seguramente ha vivido tras cada gala, rodaje y sesión fotográfica. Y que ella ahora mismo vive. En esta cuarta película suya vuelve a hablarnos sobre la soledad del éxito, los excesos que emergen tras un objetivo ya conseguido y la desilusión de un sueño intensamente perseguido. Y es que los personajes sin rumbo, las incongruencias de nuestra realidad, mundos extravagantes y una terrible sensación de desidia personal son la nota predominante en sus films, como ya hiciera en su mejor película, y la más famosa, Lost in translation (2003).

El estilo que ha elegido para esta historia rebosante de intimismo, casi autobiográfica, es de un ritmo tan pausado que se convierte en no apto para un personal que exige cambios de plano constantes, y choca con el resto de sus anteriores obras, usando muchos planos generales y fijos salvo en momentos puntuales, alejándose del videoclip, siempre aportándonos una cierta pesadez, buscada obviamente por lo que nos cuenta la película, con la fotografía de un grande como Harry Savides, creador de la luz para peliculones como American Gangster, The Game, Elephant, Zodiac o de la que más bebe esta vez, Gerry. Los paisajes desérticos, la calidez de los tonos cuando Johnny pasa su tiempo con su hija Cleo, unida a esa frialdad cuando el protagonista está solo, consigue aportar al conjunto de la obra la chispa que requiere. Otro aspecto a mención es la elección de la música, una constante en el cine de esta mujer, veremos en el film temas como My Hero de The Foo Fighters, So Lonely de The police, entre otras aportaciones de artistas como Kiss, The Strokes, Brian Ferry y la partitura original para la película, a cargo de un tal Phoenix, además de un uso del silencio terriblemente perfecto acorde con la narración.

Una pena que esta historia nos llegue a nuestras salas un año más tarde tras ganar el premio a mejor película en el festival de Venecia, y que seguramente poca gente verá (y aguantará) ya que Somewhere es un relato para gente que se ha perdido alguna vez en este camino eterno que es la vida, gente que ha olvidado la ilusión por las cosas, gente que ha caído en una espiral de decadencia en un mundo que no es el suyo, personas incomprendidas que sólo necesitan a alguien lo suficientemente fuerte para volver a la realidad, volver a vivir, volver a sentir, volver a amar. Por esto y por más, será vilmente incomprendida, como también adorada hasta el orgasmo en el ámbito gafapastoso. Yo, sin embargo, me quedo con la esencia del personaje, y su jodida soledad. Maldita soledad.

Análisis escrito por Gwynplaine Thor

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