Crítica: MIENTRAS DUERMES, de Jaume Balagueró

El nuevo film de Jaume Balagueró.

A continuación, nuestra crítica.







MIENTRAS DUERMES
Confesiones de un sociópata empedernido...

Jaume Balagueró, uno de los pocos cineastas con cierto renombre dentro de nuestras fronteras, vuelve con una propuesta que se aleja de su género predilecto, el terror, y decide adentrarse en un thriller puro y duro con un pilar construido sobre lo meramente cotidiano: el portero de nuestro edificio. Si, esa persona que nos saluda amablemente en el corredor hacia el ascensor, o nos abre la puerta de la calle en un gesto de empatía, y salvaguarda la infraestructura y el bienestar de los habitantes que pueblan el inmueble. ¿Pero qué ocurriría si esa persona, de la que poco sabemos de su vida, realmente es un sociópata obsesionado con la intimidad de los demás?

César (un Luis Tosar imponente, como siempre) es el portero de un edificio de Barcelona, el tipo no crea ningún problema y aparentemente es servicial, nadie sospecha de su vida ni de lo que hace en sus ratos libres. Y en sus ratos libres se dedica a controlar la vida de sus vecinos, y en especial, la de una mujer llamada Clara (Marta Etura, inverosímil, sobreactuada). De verdad, le tenía ganas a esta nueva peli del cineasta, pero las expectativas depositadas desde el trailer han hecho que al final, la cinta no sea lo que muchos esperábamos. Muy irregular, con muchos altibajos, tanto desde la dirección de Balagueró como desde el guión de Alberto Marini, esta propuesta que apuntaba a una pérfida obsesión tan brillante como la magnífica y olvidada La comunidad (2000) de Alex de la Iglesia y alejándose de una mediocre La víctima perfecta(2011, Antti Jokinen) con la que comparte demasiadas cosas en común, se acaba desdibujando como una sucesión reiterativa y predecible de situaciones que rompe con el espectador, ávido de giros inesperados y sorpresas más que macabras, debido a una atmósfera poco cuidada, una música de Lucas Vidal desconcertantemente inconexa, y salvando sólo la fotografía de claroscuros, muy a tono con lo esquizofrénico de nuestro protagonista.

Otro de los problemas de los que padece el film, y seguramente que arrastra desde el guión, es la carente efectividad en la dirección de actores, donde el acartonamiento y la falta de naturalidad, y muy probablemente, las líneas de diálogos y la poca congruencia de la trama, han acabado haciendo estragos a la hora de imbuirse en ese mundo obsesivo que intenta describirse en todo momento. No obstante, y a pesar de mi desilusión al salir de la sala, no todo es horrible, puede quedarse como mero divertimento, sin ansias de trascender más que un par de horas desconectado de la realidad, y alabo la valentía de Balagueró a la hora de intentar ofrecer una película diferente a lo que se nos tiene acostumbrados en nuestro cine patrio. Una lástima.

Análisis escrito por el desilusionado Gwynplaine Thor

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