Crítica: CRAZY STUPID LOVE, de Glenn Ficarra y John Requa

Sobre la estupidez de eso que llamamos ''amor''.

A continuación nuestra crítica.








CRAZY STUPID LOVE
Desde el cariño....te odio.

El amor es una mierda. Últimamente suelo evitar todo lo que sean comedias románticas, o películas que en su cartel parezca que me venden otro rollo optimista sobre las relaciones interpersonales y el sentido de compartir tu vida junto a alguien que amas de verdad, probablemente, porque no comparto dicho sentimiento, y soy más cercano a un pensamiento negativo sobre todo lo que acarrea ese sentir. Lo cierto es que ese tipo de propuestas inundan la cartelera de forma asombrosa, sumiendo al espectador (casi siempre femenino, curioso) en un mundo que no es el real, un mundo que no es Pretty Woman (1990), un mundo que es más cercano a Tal como éramos (1973) o cualquier otro jodido drama sobre las insensateces y las incompatibilidades, el desengaño y el dolor por la pérdida.

Pero a pesar de mi odio al género romántico, donde seguramente tengan que ver algo mis desastrosas relaciones personales (redoble de platillos, chiste malo, lo sé), de vez en cuando cae en mis manos un producto atípico que cuenta más verdades que utopías fantasiosas de una quinceañera que sueña con príncipes azules y caballos de color rosa. Este es el caso de Crazy Stupid Love, una gota de agua en ese mar de arena lleno de propuestas estúpidas y predecibles, una tragicomedia con un guión, de Dan Fogelman, inteligente, ácido, lleno de frases memorables y chascarrillos con sarcasmos sobre las locuras que puede cometer cualquiera de nosotros cuando queremos de verdad a una persona. La imprevisibilidad de los sentimientos cuando surge alguien que nos cambia completamente los esquemas de nuestra forma de pensar y amar.

El detonante de esta maravillosa jaula de grillos empieza cuando Emily quiere el divorcio, y su marido, Cal, desea todo lo contrario. A partir de este momento la vida para cada uno cambiará radicalmente, y asistiremos a una deconstrucción de lo que son las relaciones pasionales como también familiares. No obstante, los directores de la más que brillante y políticamente incorrecta Phillip Morris, te quiero, estos son Glenn Ficarra y John Requa, proponen esta vez una historia que no traspasa esa línea tan ambigua, apartándose de polémicas, y quedándose en un ámbito más comercial, pero sin renunciar a ese toque tan personal, su ironía. Una perfecta construcción de personajes, donde las tramas acaban enredándose en un segundo giro de guión brutal por la socarronería implícita, junto a una dirección de actores perfecta, dan con un film que no decae en ningún momento, aunque si que lo hace en la incansable búsqueda de ese happy ending que tanto detesto, seguramente impuesto desde la producción para llegar a un mayor público.

Sólo te separas, podría haber sido peor. Podría haber sido un cáncer. El mayor problema al que se enfrenta este producto es la forma en la que se ha vendido y cómo los espectadores huirán al ver como principal protagonista a uno de los mejores comediantes de la última década, Steve Carell, pero como siempre digo, un actor de comedia siempre valdrá para un melodrama (al contrario nunca funciona, no me pregunten por qué), y ahí tenemos a un Jim Carrey en el Show de Truman (1998) u Olvidate de mi (2004), por no hablar de Bill Murray en Lost in Translation (2003), por citar ejemplos próximos a nuestro tiempo. Y a la impresionante actuación de este actor se le une un reparto de lujo, como el guaperas de Ryan Gosling, la siempre excelsa Julianne Moore, la cada vez más solicitada Emma Stone, la ardiente Marisa Tomei, y el cabroncete de Kevin Bacon. En definitiva, un buen producto para ver una tarde de domingo, tras una resaca descomunal y el sentimiento de desamor invadiéndote por los poros de la piel. Loco, estúpido, amor. Vaya jodienda.

Análisis escrito por Gwynplaine Thor

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