Crítica: INSIDIOUS, de James Wan

James Wan viene dispuesto a asustarnos con una propuesta de fantasmas y niños encantados.

¿Tendrá éxito?














Normalmente y muchas veces, se da el caso de que los niños y los animales perciben cosas que los adultos no pueden llegar a ver, ni siquiera sentir. En unos lo llamamos imaginación, en los otros, algo extraño hay ahí, respectivamente. Es en ese estado primigenio de la consciencia, tan puro en el ser, tan inescrutable y fascinante por los misterios que aguarda, que no somos capaces aún de averiguar el por qué a veces se dan situaciones tan anormales y fuera de lo común, incluso aunque un neurólogo, psiquiatra o psicólogo intente darle un razonamiento que pueda ser válido. No estoy probando que haya mundos más allá, aunque ya es sabido que convivimos entre dimensiones, y que incluso ahora se baraja la idea de un Multiverso en vez de un Universo. Sólo digo que hay cosas que escapan al raciocinio humano. ¿Por qué un niño tiene miedo a un lugar específico de su propia casa? ¿Por qué evita ciertos lugares? ¿Por qué suelen ver personas en sus habitaciones, en su oscura soledad, cuando realmente no hay nadie? Con esta idea de base, juega el director de la película, es decir, ¿el mundo de los sueños, de lo intangible, puede llegar a ser real y mezclarse con la realidad? ¿Hasta qué punto?

James Wan, el creador de la saga Saw , y otros productos menores e infumables con la base del género de terror, y con la colaboración de los productores de Paranormal Activity, vuelve para contarnos una historia de fantasmas: Insidious. El relato empieza como cualquier cuento con casa encantada, esto es, familia feliz que se muda a una casa en una bonita urbanización, pero algo se tuerce en los hermosos planes de futuro, y es que uno de sus hijos cae de repente en un coma, un coma extraño e inaudito, por el cual los médicos y neurólogos no saben darle la explicación pertinente del por qué está así. A partir de este giro trágico en sus vidas, los padres Josh y Renai, experimentarán en la nueva casa que algo sucede fuera de lo normal, objetos que se mueven, figuras humanas que aparecen y desaparecen, voces, y demás superchería paranormal estará a la orden del día.

El film es un tópico tras otro: no falta el niño como eje central de la trama; madre histérica que quiere que la crean; padre escéptico que acaba creyendo y que es más de lo que aparenta ser; una parapsicóloga que sabe estar entre dimensiones; sus ayudantes cazafantasmas; una historia del pasado que acarrea a la familia y que nadie sospechaba…y es que, al contrario de lo que pasaba en productos como Al final de la escalera, The haunting, Amytville, El resplandor o sin ir más lejos, Poltergeist, aquí el problema no es que haya una casa encantada, rompiendo con ese cliché tan manido, sino que es el propio joven el que lo está (atención, no he desvelado nada con esto, pues hasta el mismo cartel promocional lo indica).

Sin embargo, el argumento es una completa montaña rusa en picado estrellándose contra un muro de hormigón con pinchos, empieza de manera clásica, incluso con estilo (muy buenos esos créditos iniciales), palpándose la tensión en cada momento pero, no sabemos si es porque Wan quería homenajear el género, que se torna predecible a los tres minutos, sucediéndose toda esa serie de clichés y convencionalismos que no rompen en ningún sentido con otras propuestas, tan sólo cambiando ciertos esquemas, e incluso, calcando algunos momentos de El sexto sentido y Los otros. Por desgracia, las actuaciones no consiguen arrancar ni media simpatía en el espectador, con una Rose Byrne bellísima que pierde fuelle en la segunda parte del film, y un Patrick Wilson que no sabe ni dónde está, no obstante, la actriz que hace de parapsicóloga Elise, Lin Shaye, es memorable cuando en un momento dado se marca prácticamente un monólogo sobre viajes astrales. Soberbio, en ese momento creí que me habían colado algo de LSD en las palomitas, y volaba con Jefferson Airplane. Quizás sea lo mejor de todo el film, junto a la fotografía de David M. Brewer y R. Leonatti, de toques oscuros y penumbrosos, recordando a prácticamente al trabajo de John Bartley en la serie Expediente X.

Fantasmas, humanos desesperados, niños pálidos, historias del pasado, psicodelia, alucinógenos y viajes astrales nos esperan en dos horas donde se nos cuenta el mismo rollo de siempre, o no se nos cuenta nada de nada. Otra cosa curiosa es que dado que los productores son los mismos de Paranormal Activity, me dio la impresión de que usaron las mismas casas que salían en esa saga, quizás sea efecto de los psicotropos en las palomitas, no lo sé. En fin, otra de terror, ni buena ni mala, sino del montón. Para pasar un buen rato a solas. Aunque es una lástima, porque la propuesta podría haber salido mejor si no fuera tan efectista en su segunda hora. Por lo demás, yo seguiré volando astralmente con Rose Byrne


Análisis escrito por: Gwynplaine Thor

Comentarios

  1. A mi me gusto la peli pero el final no se por que les da por esa crueldad ultimamente en los finales

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