JUEGO DE TRONOS: Previo serie HBO [Episodio 6] Los hijos del Hierro

Los hombres que viven es este archipiélago llevan miles de años compartiendo una cultura de saqueos y pillajes. Estos hijos del Hierro, como los llaman los demás habitantes de Poniente, suelen navegar a lo largo del litoral del Cuello para bordear el cabo Kraken y adentrarse en la Bahía Aguarresplandeciente, siguiendo la costa rocosa hasta llegar a la Isla del Oso, saqueándolo todo a su paso. También se dirigen al sur, hacia el Dominio, llegando hasta las tierras de Antigua y el Rejo, asaltando, violando y quemando asentamientos. El monumento más reciente a sus conquistas militares es la inmensa mole del castillo Harrenhal, construido por el rey Harwyn Manodura y su hijo Harren para señalar sus dominios, que una vez se extendieron por todas las Tierras de los Ríos, desde el Cuello hasta el río Aguasnegras.
Los hijos del Hierro poseen una serie de tradiciones históricas ajenas al resto de los Siete Reinos, y que actualemente se conocen con el nombre de "viejas costumbres". Algunos todavía practican esta filosofía de brutalidad y su fe en el Dios Ahogado, y rechazan tanto a los Siete como a los antiguos dioses de los primeros hombres. Los sacerdotes del Dios Ahogado son seres muy extraños que se trenzan el pelo con algas y se visten con los colores del mar. Ahogan a sus seguidores en un acto de obediencia y fe, y luego los reaniman, arrancándolos del mismo umbral de la muerte. Predican que quienes siguen las viejas costumbres tienen reservado un lugar en el banquete que se celebra en los salones subamarinos del Dios Ahogado en honor a sus gloriosas victorias. Según su religión, el Dios Ahogado libra un combate eterno con el Dios de las Tormentas, que sacude y fulmina las islas con sus tempestades porque odia a los hijos del Hierro.
Las viejas costumbres proporcionan una cierta sensación de coherencia y tradición a esta cultura de piratas, y juzgan a los hombres por su destreza marcial. Los hijos del Hierro deben "pagar el precio del hierro" a cambio de todo objeto de valor o de lujo, lo que significa que deben tomarlos por la fuerza en vez de comprarlos con dinero o mediante trueques (como es costumbre en las poblaciones civilizadas de Poniente). Los hijos del Hierro no se limitan a rapiñar bienes materiales; también capturar esclavos para obligarlos a trabajar en sus granjas y minas (o para calentarles el lecho, si se trata de mujeres aprehendidas para ejercer como esposas de sal). Los hijos del Hierro argumentan que sus descendientes no deben rebajarse a tareas tan serviles, y sus hijas tienen tanto derecho como los varones a luchar, saquear o incluso gobernar un barco. Según dicen, la mar confiere a sus mujeres los apetitos de un hombre. Las que contraen matrimonio se convierten en pilares centrales de sus familias, y tienen casi los mismos privilegios que sus esposos.

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