Crítica: KUNG-FU PANDA 2, de Jennifer Yuh Nelson

Po vuelve, y esta vez para librar a China de las garras del malvado Lord Shen...

¿Tendrá éxito en su misión?





El argumento de Kung-Fu Panda 2 nos sitúa con Po siguiendo su camino como Guerrero del Dragón, en compañía de sus demás amigos, sin embargo, la tenebrosa sombra de un tal Lord Shen, el heredero desterrado y exiliado del clan del Pavo Real, intenta conquistar China con un nuevo arma hecho de metal y pólvora, y a su vez, destruir el legado del Kung-fu, empezando por sus maestros y defensores. Po, advertido por su maestro Shifu y su padre adoptivo, el ganso Sr. Ping, descubrirá que comparte más en común con Lord Shen de lo que en principio esperaba, llegando a dilucidar su verdadero pasado.

Estamos ante la secuela de otro éxito de taquilla y de crítica, que surgió hace un par de años como una cinta menor de Dreamworks y que, no obstante, ha hecho que se deje el fenómeno de Shrek a un lado (y esperemos que enterrado ya), a favor del mito de este graciosísimo panda come-fideos que practica el noble arte del Kung-fu. Lo destacable es la evolución que va tomando la saga, si en un principio el objetivo de nuestro protagonista estaba claro, convertirse en maestro, en esta segunda entrega nos adentramos en su propio mundo interior para conocerlo aún mejor.

Dejando a un lado que ya se ha convertido en toda una franquicia en el mundo de la animación, es prudente reseñar su importancia educativa para los pequeños de la casa, y por qué no, también para los mayores, pues inculca muchos valores perdidos en la sociedad actual: honor, justicia, amistad, lealtad, afán por la superación personal, constancia ante cualquier reto, y un largo etc. de buenas influencias que puede sonar infantil e ingenuo en un principio, pero para nada es así. Destacable es la psicologización de Po y Lord Shen como prota y antagonista respectivamente: uno quiere descubrir quién es para lograr la paz interior, aceptarse a sí mismo; el otro se ha construido todo un pasado negativo por una estúpida confusión, y por su odio irracional no acepta diálogo alguno, haciendo de su sufrimiento, una venganza personal contra el mundo entero.

Y es que una de las problemáticas a las que se enfrenta nuestra sociedad a diario es la que mantienen nuestros protagonistas: aprender del pasado, aceptarlo y olvidarlo y construir un nuevo futuro, o en cambio, quedarnos anclados en nuestros traumas y hechos drásticos que cambiaron nuestra vida para crear con ello un odio visceral, así como una serie de barreras, tanto en lo social como en lo personal, que van más allá de lo que muchos pueden llegar a discernir. Es decir, lo que nos cuenta el film es que para lograr que estemos bien con nosotros mismos, es importante saber quiénes somos, planteárnoslo aunque sea solo por un efímero momento porque en los tiempos rápidos que vivimos, rodeados de tanta tecnología y automatización (si, ya todos vemos niños con móviles de última generación, así nos va), donde nos inculcan qué debemos hacer, cómo lo debemos hacer, y hasta qué ponernos en la cara es, cínicamente hablando, todo un reto que alguien llegue a pensar por sí mismo (y aún más difícil, aceptarse).

En cuanto al apartado técnico, simplemente se puede decir que es una maravilla, el aire oriental se palpa en cada centímetro de esta producción, el mimo y el detalle con que se han cuidado las diferentes expresiones faciales, los efectos visuales, la fotografía…incluso llegando a introducir en el metraje pasajes hechos como la animación tradicional de toda la vida, dan al conjunto un poderío visual que, aún siguiendo la misma estela de su primera entrega, hace inevitable dejarse llevar por sus paisajes, sus personajes de peluche, sus peleas y sus gags. La única falla es que la cinta se antoja un tanto corta en duración, hora y veinte minutos, aunque directa al contenido y sin descanso, aún así, muchos espectadores se quedarán con ganas de más. Y no olvidar las voces, en su versión inglesa, de nombres tan ilustres como Jack Black, Gary Oldman, Jackie Chan, Dustin Hoffman o Angelina Jolie y un largo etc. (Aquí en España, la voz de Po es de Florentino Fernández).

En definitiva, estamos ante un producto que sabe muy bien qué tiene que ofrecer, cuáles son sus bazas, y cómo explotarlas. Aún repitiendo un esquema similar, esta segunda parte se antoja más oscura y crepuscular de lo que uno imaginaba en un principio, y aunque, en el fondo, la superficie no sea más que el bien contra el mal, diversos diálogos de nuestros protagonistas dejan entrever que se intenta ir más allá de dicha dualidad. Y es que nadie es malo o bueno por naturaleza, es la experiencia la que nos hace elegir un camino u otro.

Viva Po.


Análisis escrito por: Gwynplaine Thor

Comentarios

  1. Bien, me gusta que sea buena, la primera me encanto, asi que ya tengo ganas de ver esta segunda parte

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